Asturias, 1895

-Portada de Asturias

Asturias es sin duda una obra fundamental en la bibliografía sobre esta tierra. Estos tres tomos, dirigidos por Fermín Canella y Secades, y Octavio Bellmunt y Traver, se publicaron en el año 1895 y fueron fruto de los esfuerzos de un gran número de autores que decidieron clarificar el origen de la región y aportar la mayor cantidad de información posible sobre ella. Pero Asturias no es solo una obra historiográfica, va mucho más allá, pues recoge también otros aspectos, como las costumbres y las tradiciones, la economía y la lengua propia: el bable o asturiano.

Fue también una obra enciclopédica pionera, expuesta de forma sencilla y cercana al lector, aunque, sin embargo, no se trate de una enciclopedia. Es muy amplia porque trata todos los concejos desde sus inicios hasta finales del siglo XIX, época en la que vivieron los autores y en la que se desarrolla el romanticismo, un movimiento muy interesado por el folklore y las tradiciones.

¿Pero qué ha ocurrido desde entonces, a lo largo de todo el siglo XX, con los lugares de los cuales se nos da noticia en Asturias? La intención del blog es cubrir este espacio temporal, partiendo de las fotografías realizadas por Octavio Bellmunt, que fue el responsable del aspecto gráfico de la publicación.

Desarrollar los cambios producidos en toda la región a lo largo de más de un siglo es un proyecto difícilmente abarcable. Por esta razón, el blog se centra en el concejo Gijón. 

Gijón puede presumir de ser la cuidad más antigua de Asturias, hoy en día es la más poblada y extensa, y ha sufrido muchos cambios urbanísticos  debido a la fuerte industrialización que sufrió durante el siglo XX. Por ello, será particularmente interesante comprobar lo que queda y lo que ha desaparecido de cuanto registró la cámara de Bellmunt. Habrá, en este trabajo, tanto bibliografía sobre la ciudad como imágenes propias, obtenidas recorriendo los mismos lugares que el autor.

Don Fermín Canella afirmaba en la introducción: “Sobresaliendo siempre Asturias en todas las manifestaciones de la vida, en todos los órdenes de ideas, no es conocida sin embargo por la generalidad de las gentes, juzgándola muchos como humilde tierruca, patria únicamente de los aguadores y menestrales de la Corte de España. Los que forman tales juicios pregonan, no el atraso provincial, sino el suyo propio”. Por esta declaración precisamente, nos atrevemos a decir que Asturias es, con toda probabilidad, una de las mejores muestras que se pueden hallar de obra sobre Asturias hecha por asturianos que realmente amaban su tierra.

 Los autores

Octavio Bellmunt (a la izquierda) y Fermín Canella

Fermín Canella y Secades

Fue cronista de Oviedo, catedrático y rector de la universidad. Nació en la capital de Asturias en 1849 y murió en la misma en 1924. Estudió Filosofía y Letras y Derecho en la universidad ovetense, donde se licenció en leyes en 1864 y obtuvo el doctorado al año siguiente. Poco después comenzó a trabajar en la universidad y alcanzó una cátedra de Derecho civil. En 1882 fue designado vicerrector y en 1906 rector. Gozó de gran prestigio. Figuró también en diversas comisiones para reformas e instituciones sobre legislación e instrucción pública. Tras haber explicado un cursillo en la universidad de Burdeos, el Gobierno francés le encomendó la Legión de Honor.

Fermín Canella fue una figura muy popular en Asturias. Tuteaba a todo el mundo (cosa poco común en aquella época) y trataba a los jóvenes de forma familiar. Asistía a mucha tertulias y gustaba de hablar en asturiano. No tuvo ninguna significación política, se trataba con hombres de todas las ideas. Fue amigo tanto de carlistas como de republicanos y también mantuvo estrechas relaciones con los obispos Sanz y Martínez Vigil.

Su obra en el campo de la cultura asturiana es muy amplia. Fue promotor de la Academia Asturianista “La Quintana” (referencias a cuyo nombre todavía  encontramos, por ejemplo, en el suplemento semanal La Nueva Quintana, del diario La Nueva España). Ejerció la abogacía y el periodismo, colaboró en la revista gráfica La Ilustración Gallega y Asturiana, para la que publicaba una sección titulada Efemerides en la que se recogían acontecimientos de la historia asturiana. Otros diarios de la época, como El Eco de Asturias o El Carbayón, también contaron con su colaboración.

Además de la obra codirigida con Bellmunt, escribió Estudios Asturianos (1886), sobre temas de folklore. Uno de sus capítulos traduce el famoso viaje del inglés Joseph Townsend por Asturias Entre 1786 y 1787. Esta obra también incluye un refranero, una biografia de Carreño Miranda y estudios sobre el Padre Feijoo. En 1873 escribió Historia de la Universidad de Oviedo y noticia de los establecimientos de enseñanza de su distrito, pero parte de su obra se perdió en el incendio que causaron los asaltantes de Oviedo en octubre de 1934.

Octavio Bellmunt y Traver

Médico, músico y escritor avilesino, nació en 1845. Estudió el bachillerato en el Instituto de Oviedo, desde donde se trasladó a la facultad de Medicina de Madrid  y posteriormente a la de Barcelona. Pasó entonces a trabajar en Gijón en 1869, tras haberse ganado una merecida fama en su profesión. Aparte de su trabajo como médico, desarrolló una extensa actividad en el campo de la música, la arqueología y las bellas artes.

Cámara fotográfica de alrededor de 1890, similar a la que pudo usar Octavio Bellmunt

Como escritor, su obra principal es Asturias, escrita en colaboración con otros escritores y dirigida conjuntamente con Fermín Canella y Secades.

Fue profesor durante varios años del Instituto de Jovellanos de Gijón y director del Casino de Gijón. Formó parte del Instituto Médico de Barcelona, de la Sociedad Antropológica de Madrid y de la Academia de Medicina Pública e Higiene Profesional de París.

Recibió distinciones de la Academia de la Historia, de la Real de Bellas Artes de San Fernando y de la de Medicina. Murió en 1910 en Gijón, donde le dedicaron una calle.

La obra 

ASTURIAS Su historia y monumentos. Bellezas y recuerdos. Costumbres y tradiciones. El bable. Asturianos ilustres. Agricultura e Industria. Estadística.

Obra dirigida por Octavio Bellmunt y Traver y Fermín Canella y Secades, tres tomos, Gijón 1895, 1897 y 1900. Fototip. y Tip. de O. Bellmunt 7, Carretera de Villaviciosa num. 25. Gijón. Aunque Somoza le dedica en su Registro Asturiano adjetivos como “inofensiva, ñoña y anticuada”, fue para su tiempo una publicación encomiable y proporcionó una visión global de Asturias. Entre los colaboradores figuraron Bernardo Acevedo Huelves, Rogelio Jove y Bravo, Manuel Pedregal y Cañedo, Ramón Prieto Bances, Gerardo Uría, Clarín, Aramburu, Campoamor, Palacio Valdés, Vital Aza y otros.

BIBLIOGRAFÍA

Cañada, Silverio: 1970. Gran Enciclopedia Asturiana. Ed. Gran Enciclopedia Asturiana. Gijón.

 

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El Ayuntamiento

Durante gran parte del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, el Ayuntamiento tuvo su sede en  una casa situada en la plaza de la Constitución, enfrente de donde se construiría el actual consistorio. Era un edificio de dos plantas pero de pequeñas dimensiones. La corporación municipal consideró que hacía falta otro más en consonancia con la importancia que iba adquiriendo la villa. En 1858 se encargó un proyecto para un nuevo ayuntamiento a Andrés Coello. Las obras comenzaron en 1861 y concluyeron en 1865, fecha de la inauguración del Ayuntamiento.

Se conserva una fotografía del aspecto parcial de la Plaza Mayor (entonces todavía no se llamaba así) antes de la construcción del ayuntamiento. Retrata un gran arco que estaba entre lo que hoy es el Hotel Asturias y la sidrería La Galana.

Fotografía anterior a 1865 de autor anónimo. Vista parcial de lo que hoy conocemos como Plaza Mayor.

Imagen de 1850 tomada desde el Campu Valdés. La casa con dos galerías está en el solar que ocupa actualmente el ayuntamiento (en ese mismo plano, hoy veríamos la parte de atrás del Ayuntamiento). Postal del negocio fotográfico Vinck.

Fachada principal del Ayuntamiento según el plano proyectado por Andrés Coello.


Cuando Octavio Bellmunt toma su imagen del Ayuntamiento para Asturias, el edificio es ya el que conocemos actualmente. Apenas ha sufrido modificaciones desde entonces, aunque sí ha cambiado su entorno. En la imagen de Bellmunt, por ejemplo, vemos que la plaza era un lugar arbolado y con bancos para descansar.

Ayuntamiento de Gijón en 1895. Fotografía de Octavio Bellmunt.

Más tarde, en los años del desarrollismo, ese aspecto relajado de la Plaza Mayor desapareció y los árboles se sustituyeron por coches cuando estos invadieron la ciudad, se usó como aparcamiento. Tuvo este uso hasta fechas relativamente recientes.

Foto de la Plaza Mayor en la década de 1970. Autor desconocido.

En la actualidad, el estacionamiento de vehículos se ha restringido y, durante los veranos, la plaza tiene uso lúdico: se habilita un toldo y se dan conciertos, espectáculos de danza, pregones, etc.

El Ayuntamiento en la actualidad, preparado para un pregón. Autor desconocido.

BIBLIOGRAFÍA

Bellmunt, Octavio y Canella, Fermín (1895): Asturias (Tomo I). Editor: Octavio Bellmunt, Gijón.

Aranda, Joaquín (2000): Gijón, aquellas plazas, aquellos parques… Gran Enciclopedia  Asturiana, Gijón.

Piñera, Luis Miguel (2004): Las calles de Gijón. Edición de Diario El Comercio, Gijón.

Núñez Fernández, Eduardo (dir.) (2006): Una historia de papel. 500 años en los documentos del Archivo Municipal de Gijón. Ayuntamiento de Gijón.

VV. AA. (1979): El libro de Gijón. Ediciones Naranco.


La Calle Corrida

Cartel de la calle Corrida

El nombre de esta calle surge de la denominación popular y podría referirse a lo transitado de la vía, o bien al ensanchamiento que se realizó corriendo unos edificios para agrandar la acera. La denominación oficial de Corrida fue durante mucho tiempo Ancha de la Cruz, aunque anteriormente tuvo otros nombres. En 1892, entre mayo y junio, le cambiaron el nombre por el de Conde de Revillagigedo, pero el mismo conde protestó por este cambio y la Corporación tuvo que rectificar. Cabe destacar también  la petición del Partido Comunista  de España a la Comisión gestora del Ayuntamiento en 1937 para cambiar el nombre de la calle por el de Avenida de Rusia.

Fermín Canella habla de la popularidad de la calle Corrida en 1895, una de las más animadas de la cuidad. Esta calle evolucionó enormemente a partir de 1880, con los primeros faroles que la alumbraban, pero no fue hasta 1901 cuando se comenzó a asfaltar. Otra novedad , que apareció por esta época fue el Salón Luminoso, la primera sala de cine de Gijón.

La calle Corrida se consideraba por aquel entonces una de las mejores calles de la ciudad, y hoy en día sigue gozando de esa fama. Siempre fue un lugar de reunión, con comercios y cafés, por el que paseaba la burguesía gijonesa. Aún así, dice Canella que se puede encontrar alguna que otra antigualla, como un nicho con una imágen que todos los sábados era alumbrada con un farolillo.

La modernidad, sin embargo, viene en la primera década de 1900 de la mano del arquitecto Miguel García de la Cruz (1897/1905), que proyectó la casa Tívoli y el edificio de viviendas para Antonio Sarri. Estas dos construcciones modernistas se conservan perfectamente hoy en día.

La Casa Tívoli actualmente

Por último, uno de los cambios más significativos que sufrió la calle desde Bellmunt y Canella hasta hoy, fue la desaparición del tranvía. A finales del s. XIX se implantan en Gijón las primeras compañías dedicadas a gestionar “el cambio de lugar” (Granda Álvarez 2009, 42) en la ciudad. En 1889 un selecto grupo de mienbros de la burguesía fundó la Compañía de Tranvías de Gijón. El trazado de las primeras líneas del tranvía, que funcionaba con tracción animal nació con el propósito de facilitar el flujo de viajeros desde el centro, zona en la que vivían las clases más acomodadas, hasta los espacios más representativos de esparcimiento en la villa, como Somió. No fue precisamente hasta el año de publicación de Asturias cuando, debido al movimiento obrero, se trazaron nuevas líneas. Así, en 1905 quedaba fijada una red básica radial, que comunicaba el corazón de la ciudad histórica (calle Corrida-Plaza del Carmen) con tres ramales principales (Somió, El Llano y La Calzada). Estos tranvías sustituyeron la tracción animal por la eléctrica en 1909 y poco a poco se irían introdiciendo en la ciudad los vehículos motorizados, desapareciendo el tranvía de la calle Corrida y de Gijón en general en 1964.

La calle Corrida en 1895, fotografía de Octavio Bellmunt

Los cambios que se producen desde ese momento hasta nuestros días no son tan remarcables, se limitan a la apertura de nuevos comercios y al embellecimiento de la vía mediante árboles.

La calle Corrida hoy en día, fuente propia

BIBLIOGRAFÍA

Bellmunt, Octavio y Canella, Fermín (1895): Asturias (Tomo I). Editor: Octavio Bellmunt, Gijón.

Aranda, Joaquín (2000): Gijón, aquellas plazas, aquellos parques… Gran Enciclopedia  Asturiana, Gijón.

Piñera, Luis Miguel (2004): Las calles de Gijón. Edición de Diario El Comercio, Gijón.

Granda Álvarez, Javier (2009): Gijón entre líneas. Ayuntamiento de Gijón.

El Musel

A lo largo del siglo XIX se había hecho evidente la necesidad de habilitar un puerto de refugio en la costa asturiana que diera cobijo a los buques sorprendidos por los duros temporales invernales. Debido a su posición estratégica, esa función fue asumida por el puerto de Gijón ( El Muelle, tal como lo denominamos hoy), un puerto comercial, en el que el tráfico carbonero tenía un papel protagonista por su conexión ferroviaria con las cuencas mineras del centro de la región. Pero El Muelle tenía poco calado y no podía acoger grandes buques. Con estos antecedentes, en 1854 el Estado encargó al ingeniero Salustio González Regueral un estudio para localizar el mejor emplazamiento donde construir un puerto de refugio de interés general, decantándose por la bahía de Torres. Además, se consideraba que este nuevo puerto también podía ser comercial. Se desató entonces una gran polémica en Gijón. Por una parte, estaban los “muselista”, entre los que estaban empresarios mineros que querían un puerto nuevo que les permitiese mejorar las condiciones de la exportación del carbón para competir mejor con otras regiones, así como los propietarios de terrenos en la zona afectada; por otro, los “apagadoristas” (porque se referían a la ampliación de El Muelle como Puerto Apagador), eran navieros locales, que controlaban la práctica totalidad de la flota carbonera, y la burguesía local, que temía perder el control sobre el crecimiento de la ciudad hacia el Este, y que perdieran valor sus propiedades urbanas. Cada uno de los dos sectores tenía sus argumentos, que exponía en la prensa local, también involucrada en el enfrentamiento: El Comercio era apagadorista y los muselistas tenían con ellos un periódico denominado precisamente El Musel.

En el año 1889, el Estado puso fin a la polémica intentando contentar a las dos partes: se construiría el puerto de El Musel, pero, a la vez, se llevaría a cabo una ampliación de El Muelle.

Cuando Octavio Bellmunt fotografía El Musel poco después, en 1895, las obras se encuentran todavía en sus inicios (empezaron el 1892). Bellmunt hizo dos fotografía. En una de ellas, se observa cómo se ha excavado el monte para hacer una explanada en la que ya hay vía férrea con vagonetas que circulan entre lanchas varadas. Se aprecian también una gran cantidad de bloques de cemento que usarán para los diques, como el que vemos en construcción en la otra fotografía, sobre el que se ve una gran grúa que sería, probablemente, una muestra de los artilugios de ingeniería más adelantados de la época.

Construcción de un dique en El Musel, 1895

Los trabajos duraron mucho tiempo y fueron muy difíciles. Por ejemplo, en 1896, al año siguiente de la publicación de Asturias, un temporal causó grandes destrozos. Por otra parte, el proyecto fue haciéndose cada vez más ambicioso y sufrió muchas modificaciones sobre la marcha. Comparando los dos planos siguientes vemos, por ejemplo, cómo muy pronto se consideró que había que darle más longitud al dique Norte, que era la estructura más importante de toda la obra. El plano de 1902 le da 340 metros más de muelle que el de 1891:

El Musel, plano de 1891

El Musel, plano de 1902

Estado de las obras en 1904

En esta foto de 1904 se ve cómo se había empezado a trabajar primero en el dique Norte, que era la protección contra los temporales, antes de hacer los muelles interiores.

El proyecto era de tanta importancia económica que, en 1909, la infanta doña Isabel de Borbón visitó las obras. Fue el mismo año que se comenzó a construir la carretera entre La Calzada y El Musel.

Visita de la infanta Isabel a las obras en 1909

En 1912 se inauguró un tranvía que comunicaba La Calzada y El Musel. Por otra parte, fue un año trágico, porque una ola arrastró al mar al ingeniero jefe de la obra mientras visitaba el dique Norte con otros cuatro obreros. Murieron los cinco. No fue este el único drama: al año siguiente, una gran explosión de seis toneladas de dinamita en la cantera produjo una lluvia de piedras que mató a 19 personas.

Durante esa década, se produjeron progresos en El Musel, como la instalación del alumbrado, la construcción del edificio de la Aduana o del faro del dique Norte. Pero, en 1918, se aprueba otra nueva prolongación de este dique y poco después, en la década de los 20, se empieza a trabajar en la idea de construir otro dique exterior al Norte, rompeolas, de casi un kilómetro de largo, que lo proteja de los temporales. Este dique de abrigro arrancaría de la base del cabo Torres. También se pretendía poner otro dique rompeolas al oeste del cerro de Santa Catalina, para cortar el oleaje que pudiera entrar del Nordeste. Nunca se llevó a cabo este proyecto.

Proyecto de 1926 con dique de abrigo al norte y rompeolas junto a Santa Catalina

A finales de los 20, El Musel ya es un puerto plenamente funcional. En la fotografía de 1928 vemos la explanada llena de público que había acudido a ver el abanderamiento del barco de la Armada “Príncipe Alfonso”. Se aprecia el edificio de la Aduana y el trazado del tranvía.

Abanderamiento del buque "Príncipe Alfonso" en El Musel, 1928

El crecimiento continuo del puerto era una idea que parecía haberse metido en la cabeza de los gijoneses, y fue la causa de algunas propuestas que, afortunadamente, nunca se llevaron a cabo. Por ejemplo, durante más de veinte años se especuló con la posibilidá de cerrar toda la bahía occidental de Gijón, ente el cabo Torres y el cerro de Santa Catalina, convirtiéndola así en una especie de enorme puerto con calados muy distintos, tanto para buques grandes como para embarcaciones pequeñas. Para ello, se prolongaría el dique Norte y se construiría otro frente a él, que arrancaría desde Cimavilla. La idea se plasmó en este plano de 1930. En él se aprecian las dimensiones monstruosas del proyecto, que era más grande que la ciudad:

Proyecto de 1930 para cerrar la bahía occidental

Otro proyecto que nunca se llevó a cabo, y que hoy suena fantástico, consistía en construir un dique curvo, paralelo a la línea de costa, que correría por delante de todo El Fomento, El Fomentín, la playa de Poniente, la parte de los astilleros del Natahoyo y la playa del Arbeyal hasta llegar a El Musel, y que sería puerto de atraque para embarcaciones pequeñas. Esta idea  fue también de 1930.

Proyecto de muelle interior curvo en la bahía occidental, 1930

Durante la Guerra Civil, la aviación de Franco bombardeó El Musel y produjo destrozos que se repararon a partir de 1940. En esa década se construyó un nuevo dique Oeste, que arranca del Norte y forma una Y con él.

Desde entonces hasta la década de los 60, se siguió dándole vueltas a la idea de conectar El Musel con El Muelle, sin llegar a realizarse la idea. En los 60 se construirán nuevos espigones y se acondicionarán los ya existentes. Finalmente, en 1969, se decide que hay que prolongar hasta mar abierta el dique exterior para poder recibir barcos de gran calado, como petroleros. Así, en 1974 se empezó a hablar de la construcción de un superpuerto en El Musel. La idea estaba basada en que la mayor distancia entre puertos con refinería de toda la costa española era la que existía entre Bilbao y La Coruña, separados 600 km. Parecía económicamente posible preparar El Musel para que se especializara en tráfico petrolífero, con la construcción de una refinería.

El proyecto del superpuerto tardó muchos años en salir adelante. Fue en 2005 cuando por fin se adjudicó la obra (la más cara en la historia de Asturias), cuyo coste real aún se desconoce, y que, aunque se inauguró oficialmente en 2011, con motivo de unas elecciones, todavía no está concluido. Básicamente consiste en casi cuatro km de dique que avanza en mar abierto hacia el Norte, y que incluye más de un kilómetro de muelles de gran calado. El superpuerto es perfectamente visible desde la playa de San Lorenzo. Google Earth ni siquiera lo recoge entero, porque se sale de sus límites cartográficos. Parece una especie de herramienta gigantesca a punto de caer sobre la ciudad.

El superpuerto de Gijón en foto de satélite para Google Earth. Se observa que la imagen se vuelve borrosa cuando se sale de los límites cartográficos del programa.

Es interesante compararlo con esta otra imagen de principios del siglo XX, cuando El Musel no era más que un espigón no muy largo en las proximidades del cabo Torres:

BIBLIOGRAFÍA

Aduriz, Patricio y Faro, Bastián: 1981.  El puerto de Gijón. Editorial Stella. Gijón.

Bellmunt, Octavio y Canella, Fermín: 1895. Asturias (Tomo I). Editor Octavio Bellmunt. Gijón.

VV.AA: 1979.  El libro de Gijón. Ediciones Naranco. Oviedo.

Google Earth

Cimavilla

En la segunda mitad del siglo XIX, la población acomodada de Cimavilla abandonó el barrio, que había ido perdiendo sus funciones administrativas al construirse el Ayuntamiento en su emplazamiento actual. Cimavilla perdía importancia en el conjunto de Gijón.

En las vistas generales de algunas calles del barrio que tomó Bellmunt, se observan construcciones deficientes y antiguas, y personas (niños y adultos) con ropa miserable. En la vista general de la calle del Rosario, se ve cómo el empedrado estaba hecho de tan manera que dejaba una canalización que permitiese correr el agua de la lluvia. Las casas las describe explicando que tienen “las impostas más afuera en cada piso, haciendo avanzar las fachadas de los respectivos cuerpos que sostienen, uno sobre otro, a manera de escalones invertidos, de donde resulta la fábrica mucho más abultada y gruesa por la parte superior que por la base”  (Canella, Fermín 1895, 155). Estas casas saledizas se aprecian en la misma foto de la calle del  Rosario:

Calle del Rosario, con fachadas saledizas y canalización central en el empedrado, 1895

Calle del Rosario, 1973 (Gonzalo del Campo y del Castillo)

Calle del Rosario, 2012, todavía con reminiscencias de aquellas fachadas saledizas

Es el propio Fermín Canella el que firma la sección correspondiente a Gijón de Asturias, y, al referirse a Cimavilla, le interesan particularmente los restos medievales que podían encontrarse todavía. Dice, por ejemplo, que en la construcción de algunas viviendas del barrio se usaron materiales de aquella época antigua: “…aun en el día de la fecha se pueden observar pedruscos romanos empotrados en viejas edificaciones y, en otras, según opinión de algunos, hasta portadas ojivales, de época anterior a la reedificación  (Canella, Fermín 1895, 156)”. Pone como ejemplo la casa 14 de la calle del Rosario, que tenía una puerta que recordaba la entrada de una antigua iglesia o capilla.

Casa número 14 de la calle del Rosario, 1895

Portal número 14 de la calle del Rosario, 2012

Algunas otras puertas de viviendas le parecen a Canella “muy curiosas por cierto, pues por su aspecto parecen tomadas de una judería”. Se refiere a las de los portales 10 y 11 del Tránsito de la Corrada.

Tránsito de la Corrada, portales 10 y 11, 1895

Tránsito de la Corrada, 2012. Estos son los únicos portales de esta cortísima calle que parecen corresponderse, actualmente, con los de la fotografía de Octavio Bellmunt, tanto por la disposición de las puertas como por el desnivel que hay entre una y otra. Incluso el canalón de la derecha parece sugerirlo.

El prototipo de casa tradicional, reformada y arreglado de manera respetuosa con el modo de hacer antiguo del barrio, le parece la casa número 29 también de la calle del Rosario:

Número 29 de la calle del Rosario, 1895: ya existían las pintadas

Número 29 de la calle del Rosario, 2012. Quedan la inclinación de la vía y la piedra.

Por otra parte, a finales del XIX estaba llegando mucha mano de obra a la ciudad, atraída por la industria naciente. Como no existían viviendas para toda aquella gente, tuvieron que amontonarse de alquiler en las casa vacías de Cimavilla, que pasó a ser un barrio hacinado e insalubre, donde se veía miseria y gente viviendo en malas condiciones. Esta situación, que fue la que conoció Octavio Bellmunt, perduró mucho tiempo, hasta bien entrado el siglo XX.

Calle de Cimavilla en la década de los 30 del siglo XX (Constantino Suárez, Archivo Municipal de Gijón)

Cimavilla, 1976 (Emilio Cueto Pérez)

Cimavilla, 1976 (Emilio Cueto Pérez)

Una excepción al deterioro que sufrió el barrio durante el siglo XX fue el edificio del número 4 de la calle Recoletas, calle que también se llamaba, antiguamente, Subida de la Cárcel. Este edificio la fundó la familia Ramírez de Jove a principios del XVII. Ha sido restaurado recientemente y es sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias.

Número 4 de la calle de Recoleta, 1895 (Octavio Bellmunt)

Número 4 de la calle Recoletas alrededor de 1979

Número 4 de la calle Recoletas, Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, 2012

BIBLIOGRAFÍA

Bellmunt, Octavio y Canella, Fermín: 1895. Asturias (Tomo I). Editor Octavio Bellmunt. Gijón.

Campo y del Castillo, Gonzalo del: 2006. Gijón, imágenes en el recuerdo. Ayuntamiento de Gijón. Gijón.

López Urrutia, José Antonio y Cueto Pérez, Emilio: 1977. Andar y ver Cimadevilla. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Asturias. Oviedo.

Vila Álvarez, Nuria: 2007. Un patio gijonés. La ciudadela de Celestino González Solar (1877 – 1977). Ayuntamiento de Gijón. Gijón.

VV.AA: 1979. El libro de Gijón. Ediciones Naranco. Oviedo.

El Campu Valdés

El Campu Valdés en 1895, fotografía de Octavio Bellmunt.

El espacio que hoy llamamos Campo Valdés o Campu Valdés no se llamaba así en 1895, el momento en que Octavio Bellmunt lo fotografió para Asturias. La parte más próxima al templo se conocía como Paseo de la Iglesia. Lo demás era la Plazuela de los Valdés.

Aunque la semejanza entre la foto de Bellmunt y la actual es muy grande, en el siglo y pico que media se han producido cambios y acontecimientos importantes en esa plaza de la ciudad.

El Campu Valdés en la actualidad (fuente propia)

El Campo Valdés es, quizá, el lugar de Gijón en el que más voluntad se ha puesto para respetar su apariencia tradicional, quizá por el hecho de que, su línea de costa desde El Muru, es la imagen más típica, fotografiada, dibujada y pintada de Gijón.

Óleo de Luis Pardo

Existe un plano del año 1635, realizado por Fernando Valdés, en el que ya se observan los edificios más importantes: el palacio de D. Pedro Valdés (que fue caballero de la orden de Santiago y almirante de la Escuadra de Indias, y que formó parte de la Armada Invencible), con su capilla aneja. Este edificio es hoy el Colegio del Santo Ángel, y en el plano citado ya se ve el patio donde los alumnos salen en la actualidad al recreo. En la foto de Bellmunt, el palacio-colegio se aprecia un poco a la izquierda. Su estado no ha sufrido modificaciones y su uso actual ya era el mismo entonces.

El Campu Valdés según plano de Fernando de Valdés, 1635

En otro plano del Campu Valdés anterior a la Guerra Civil española (realizado por García de los Ríos), se puede observar que, hasta ese momento, la pared este de la iglesia de San Pedro caía sobre el mar, es decir, no había paseo alrededor del templo. Este detalle puede apreciarse también en alguna fotografía del principios del sieglo XX, tomada desde la playa, o en óleos de la época. Es decir: el paseo del Muru (que se llamaba Paseo de San Pedro en aquella parte) acababa delante los arcos de la iglesia.

Plano del Campu Valdés hecho por García de los Ríos antes de la Guerra Civil. Incluye la planta de la iglesia de San Pedro.

En 1936, en los primeros momentos de la Guerra Civil, se quemaron y demolieron las tres iglesias parroquiales de Gijón, entre ellas la de San Pedro. Se conserva una fotografía de las ruinas, tomada también en plano frontal.

Ruinas de la iglesia de San Pedro en 1936

Poco después de acabar la guerra, en el año 1940, se iniciaron los trámites para la reconstrucción, que se hizo procurando respetar el aspecto que tenía antes de su destrucción. Las obras no se concluyeron hasta 1954, catorce años después. La gran novedad fue la prolongación del Paseo de San Pedro por lado este del templo, el lado de la mar, hasta conectar con la parte posterior, permitiendo así darle la vuelta al edificio por donde recientemente se ha inaugurado una escalera al pedreru bautizada con el número 0 y el nombre de La Cantábrica.

Cuando Octavio Bellmunt hizo su fotografía, el suelo del Campu Valdés estaba algo más bajo que en la actualidad. En el dibujo a tinta de C. Bernardo, que es de la misma época, se observa que había una escalinata de tres peldaños sobre la cual se elevaba la iglesia. Esta diferencia de altura se mantuvo en la reconstrucción de 1954.

Dibujo a tinta de C. Bernardo

Pero, mientras, en la primera década del siglo XX, se descubrió la existencia de unas termas romanas bajo la plaza, que llegaban también al subsuelo del templo. Es decir, Bellmunt y Canella no sabían de su existencia en el momento en que publican Asturias.

Durante décadas, tras su descubrimiento, solo existió un pequeño acceso a ellas junto a la cerca del Colegio del Santo Ángel. A finales de la década de los 80 fue cuando el ayuntamiento decidió explotarlas turísticamente, para lo cual había que acondicionar otro acceso. Por eso, se elevó el suelo, poniéndolo al nivel del pórtico de la iglesia, para así construir al museo subterráneo que está cerca de la Escalera 1 del Muru. De paso, se urbanizó la zona, se cambió el mobiliario público y se arreglaron los jardines.

Entrada a las termas romanas

La estatua de Octavio Augusto es copia de otra que se encuentra en los Museos Vaticanos, del año 19 a. C. La reproducción gijonesa la hizo el escultor Francisco González Marías (1901 – 1982) y se colocó en su emplazamiento actual en el año 1995. Anteriormente se encontraba muy cerca, junto al muro del colegio del Santo Ángel. Es una referencia al pasado romano del lugar.

A la izquierda, estatua de César Augusto del Campu Valdés, realizada por Francisco González Marías, reproducción del original que se encuentra en Roma (a la derecha).

BIBLIOGRAFÍA

Aranda, Joaquín: 2000. Gijón, aquellas plazas, aquellos parques... G.E.A. Distribuciones Gráficas. Gijón.

Bellmunt Traver, Octavio y Canella Secades, Fermín: 1895. Asturias (Tomo I). Editor Octavio Bellmunt. Gijón.

García, José Antonio: 2003. Fechas en la Historia de Gijón. Gráficas Ápel. Gijón.

López-Urrutia, José Antonio: 1989. Breve historia de la iglesia de San Pedro. Asociación de Amigos de la Iglesia Mayor de San Pedro de Gijón. Gijón.